Veo el mar y pienso en futbol

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¿De qué sirve jugar sin tomar riesgos? Un partido dura apenas noventa minutos; no vale la pena vivirlo condicionado por las dudas que nos han transmitido nuestros antecesores, hay que hacerlo con las ganas de aquellos que saben que se vive una sola vez. ¿Acaso el temor nos protege? ¡Todo lo contrario! Dejar que sea el miedo quien determine nuestros comportamientos traerá consigo grandes derrotas. Puede que antes que ellas lleguen se logre uno que otro triunfo que tape el bosque y nos haga creer que con el temor como bandera podremos avanzar.

Hay que estudiar al rival y las circunstancias para jugar. Atacar y defender, ambas facetas como una sola conducta: jugar. Ataco el ataque rival para luego atacar su arquería. Esa conducta puede voltearse: defiendo mi ataque para que no sufra mi equipo. Juego y más juego, nada de momentos desligados el uno del otro. Continuidad, como diría mi amigo Alex Couto Lago.

Eso es el fútbol; olvidemos los resúmenes y observemos la totalidad del partido para entender que pasó aceptando que lo que puede pasar en la próxima ocasión tendrá rasgos similares con el pasado pero nunca será igual. Este juego tiene principio y fin únicas verdades absolutas que en él encontraremos – pero entre una y otra todo pasa y nada pasa; es historia y por eso existe pero también es futuro y por ello no es, o por lo menos no ha llegado a existir

“Yo soy yo y mis circunstancias”. Lo dijo Ortega y Gasset y mejor que no lo olvidemos jamás. Jugadores, entrenadores, cancha, pelota, intenciones, emociones, contexto y mil cosas más.

Análisis El camino Fútbol

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Ignacio Benedetti View All →

Analista de deportes. Me has visto en Sport Plus, Canal Plus, MiTV, TELET, Telearagua, ESPN y Meridiano TV. Me has escuchado en 92.9FM, La Emisora Cultural de Caracas, el Circuito Nacional Belfort y Deportiva 1300. Me has leído en www.martiperarnau.com, la revista especializada The Tactical Room, el diario Líder, La Vinotinto.com, Revista Clímax, elestimulo.com y en otros portales deportivos. No celebro derrotas ni victorias porque me interesa conocer el cómo y entender para qué y por qué. Camino para encontrar lugares de descanso y bares sin música. Escucho porque mi experiencia es insuficiente. Hablo para generar ideas. Pienso porque es lo único que se hacer. Escribo para mostrar mi inconformidad. Y hago silencio porque me reconozco insoportable e ignorante. Mi única ambición es ser digno de las palabras del periodista y poeta argentino Joaquín Gianuzzi: "'Muy buenos días, abuelo… le agradezco mucho la incomodidad de haber estado vivo alguna vez, pero más le agradezco… el entusiasmo que puso en estar incómodo". Sigo incómodo e incomodando.

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